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domingo, 9 de diciembre de 2012

Construir el futuro con materiales del pasado.


Esta práctica es un trabajo individual, tras el visionado del vídeo que se muestra a continuación, relacionándolo con la entrada anterior.






Que la escuela pública como institución fuese confeccionada en la cuna de la ilustración y la revolución industrial conlleva que estas escuelas hayan sido  creadas pensando en el ideal humano de aquella época, que hayan sido creadas como una industria. Una industria en el sentido de que los niños están agrupados por edad (como si se tratase de una fecha de fabricación), hay timbres, instalaciones separadas, test estandarizados…

Estos sistemas educativos vigentes en la actualidad fueron diseñados  y concebidos para una época diferente a la que estamos viviendo. La creación de la escuela pública era una más de las ideas revolucionarias que promulgaba la ilustración. Parecía que era algo idílico, pero ahora esta educación necesita una reforma. Necesita una reforma esencialmente por dos razones, por un lado una razón económica con el fin de preparar a los alumnos para que ocupen su lugar en la economía del siglo XXI, y por otro lado una razón cultural que se dirige a cómo educar a los niños para que tengan una identidad global y a la vez estén inmersos en el proceso de globalización. 

El problema de estas reformas es que se está intentando enfrentarse al futuro a base de hacer lo mismo que en el pasado. Actualmente los niños no ven ninguna utilidad en la escuela, no confían en que tener titulaciones les pueda asegurar un trabajo, y en mi consideración, tienen toda la razón. (FOTO 2)

Este sistema escolar tiene el gran fallo de separar entre académicos y no académicos, privando así de oportunidades a personas brillantes que por alguna razón han fracasado en este sistema escolar deficiente. La educación pública se sostiene únicamente en dos pilares: la economía y lo intelectual.
Otro de los fallos de la educación actual y de la sociedad en general es pedir a los niños que en todo momento estén concentrados en alguna actividad, que dejen de ser niños y sean un poco más adultos. Esto ha producido trastornos como es el TDAH, que aún es debatible su existencia, a los niños que se le detecta (mediante Tests estandarizados)  este trastorno son medicados, privando así su capacidad de expresión.

El gran error de esta sociedad y de la educación actual es la pretensión de estandarizar a todas las personas. Por ejemplo, las artes sufren un desprestigio en la sociedad, por lo tanto, es un claro ejemplo de cómo se priva a los niños que expresen sus sentimientos y sus capacidades, y se les medica para producirles una anestética que cierra sus sentidos y los “atonta”. Esto es lo que está haciendo el sistema educativo.



Esta estandarización conlleva que los niños dejen de lado el pensamiento divergente, que se refiere a la capacidad de poder encontrar múltiples respuestas a una pregunta siendo este razonamiento un componente esencial de la creatividad. Tras un estudio longitudinal (mismos sujetos en varias etapas de su vida), se ha podido comprobar que el pensamiento divergente disminuye notablemente a medida que pasa el tiempo, consecuencia también de la validez de una única respuesta que se prima en los sistemas educativos.



Retomando el tema del marco de construcción de esta escuela pública, podemos decir, que en base al vídeo que se encuentra en mi entrada anterior, se puede observar como la escuela fue una institución creada para el bienestar de la sociedad y sobre todo para el bienestar de los niños. No solo una institución para aprender, sino también una institución para que allí los niños estuvieran “recogidos” y medianamente atendidos. Pero ahora, esta escuela no tiene utilidad y sin duda necesita una reforma.  

En conclusión, los sistemas educativos actuales fueron creados para una realidad muy distinta a la actual y por ello es preciso cambiar el paradigma de la educación y crear una educación que vaya en una línea contraria a la estandarización, que prime el pensamiento divergente, que cree ciudadanos despiertos con ansía de revolución, de cambio. Una educación hacia el futuro, o al menos una educación del presente.



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